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Curiosidades
Origenes de las palabras Gay y Lesbiana Imprimir E-mail
Escrito por Claudio Vaca & Jara   
Domingo, 15 de Noviembre de 2009 05:10

La palabra Gay proviene del vocablo provenzal gai (en castellano "gayo", como en "La gaya ciencia") y significa ‘alegre' o ‘pícaro'.Se aplicaba a los hombres que ejercían la prostitución homosexual en la Inglaterra victoriana, por el modo "alegre" en que vivían y se vestían. Finalmente el término gay boy ("chico alegre" o prostituto) se convirtió en sinónimo de homosexual.

Posteriormente, la comunidad gay adoptó el término tratando la palabra como un acrónimo de Good As You (‘tan bueno como tú') restándole de esta forma el matiz peyorativo a la palabra y reivindicando la igualdad, como personas, entre homosexuales y heterosexuales. Por ello, hoy en día, la primera acepción en inglés apenas se usa y se utiliza casi exclusivamente como sinónimo de "homosexual".


La palabra Lesbiana nació a partir del nombre de la isla de Lesbos, en el mar Egeo, que en los siglos VII y VI a. de C. fue un brillante centro de vida intelectual y artística. El nombre más destacado de la producción literaria de aquella época es el de la poetisa Safo, de la cual hoy se conservan algunos versos, pero cuya contribución fue tan importante en la formulación del género literario helénico de su época que se llegaron a acuñar monedas con su efigie.

En algunos de los versos más dulces y tiernos de Safo, se rinde homenaje a la belleza de la jóvenes de mayor hermosura de la isla, de donde se concluyó que la poetisa era homosexual, aunque, en realidad, poco se sabe sobre ella, y no hay ningún dato que permita afirmar esto en forma categórica.

En aquella época, las mujeres de las familias pudientes de Lesbos solían reunirse en sociedades informales para deleitarse en placeres como la composición y el recitado de poesías. Safo, inspiradora de uno de esos grupos, atrajo a un gran número de admiradoras de otras ciudades, que fueron a la isla a componer y a disfrutar poesías, cuyos temas principales solían ser los amores, odios y celos que surgían en aquella atmósfera.

Ocho siglos después de su muerte, sus trabajos fueron publicados por la biblioteca de Alejandría, pero no sobrevivieron a la Edad Media, y todo lo que hoy resta de su obra es un único poema completo de veintiocho líneas, además de numerosos fragmentos cuyo número aumentó con el descubrimiento de papiros, pero se considera que constituyen apenas una pequeña fracción del trabajo de Safo. En lo que quedó de su obra, no hay ninguna referencia a actividades homosexuales, pero la isla se convirtió en símbolo del amor entre mujeres, y el nombre de Safo perduró en la literatura como denominación de los versos endecasílabos, también llamados sáficos.

 

Última actualización el Domingo, 15 de Noviembre de 2009 05:37
 
"Puto, no Gay" Imprimir E-mail
Escrito por Claudio Vaca & Jara   
Martes, 10 de Noviembre de 2009 04:03

Entre mi montaña de recortes queria compartir una nota bastante antigua con ustedes.

 


 

Mi primer contacto visual con una travesti fue a los 8 años. En ese entonces vivía en barrio Atalaya, partido de La Matanza. Mi hermana me pidió que la acompañe a cortarse el pelo con “La Martín”, un peluquero que se había mudado hacía poco tiempo al barrio. Aquello fue un esfuerzo terrible para no reírnos a carcajadas de sus mariconadas; sin embargo, en poco tiempo me acostumbré a ir a cortarme el pelo y escuchar a La Martín con sus amigas hablar de chongos y colocaciones y ver cómo hincaban las pincitas de depilar en sus mentones. Fue mi peluquero por varios años y yo disfrutaba mucho al entrar en la casilla donde todo lo que veía era extremadamente seductor, la fascinación había desplazado a la comedia. Mientras tanto yo comenzaba a experimentar mis primeros juegos sexuales con un compañerito del secundario, hoy en día hombre casado y con hijo. Pasaron los años y un día me encontraba haciendo un trabajo social dedicado a unos pibes medio malandras del barrio, la idea era estar con ellos durante la noche en un fogón armado en un baldío donde se tomaba algún tetra, se cantaba, se charlaba un poco sobre la realidad de los pibes o sus perspectivas. En pleno fogón, mientras yo tocaba un tema de Pastoral en la guitarra, vi aparecer a Martín secundada por una borrachísima Vanesa, otra trava amiga suya. Me quedé pálido pensando en la idea de que Martín me reconociera y me saludara en público. Vi el grado de respeto y reconocimiento que tenía el Capo Malandra con La Martín, hizo que un pibe se corriera del costado del fuego para que ambas se sentaran. Supongo que ella, cuando pasó al lado mío, vio mi cara adolescente de terror y, con muchísima sutileza, me guiñó un ojo; con ese gesto ella me decía que no me preocupara, que estaba todo bien, que me iba a cuidar. Creo que ese mismo día comprendí que yo era puto y que, en parte, ciertas cosas de Martín iban a estar por siempre en mí, a pesar de no haber hablado nunca de mi sexualidad con ella. Porque viví en un barrio donde convivía con tortas, con travas, con héteros. Porque de alguna manera yo soy un poco ellxs también, porque pensarme como puto, y no como gay, me permitió que hoy en día pueda seguir disfrutando de un fogón o de una mariconada o ambas cosas a la vez, porque en el fondo quisiera ser tan valiente como La Martín, para caminar tan segura con tacos por la calle de tierra o bien saber ganarse el respeto de un chongo de barrio, que te ofrezca el mejor asiento al costadito del fuego.

Fuente: Suplemento Soy

 

Última actualización el Martes, 10 de Noviembre de 2009 04:06
 



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